A un año de Trump. Peor de lo esperado

Por Guido Lara

* Este texto se publicó originalmente el 9 de Noviembre del 2017 en El Blog Mente Social en Animal Político.

El inmenso poder que tiene en las manos un presidente de los Estados Unidos ha sido utilizado para debilitar sistemáticamente a todo y a todos incluyéndolo a él mismo, su familia, su organización, su gobierno, su partido, su país, su occidente.

La escena fue así: Nueva York poco más de medianoche. Pasos desolados, cabizbajos, pertinaz llovizna como lágrimas, calles desiertas en Midtown, cero cláxones y ecos reverberando en el silencio desolado y estupefacto. Pareciéramos estar atrapados en un fotograma de una más de las películas apocalípticas filmes que tienen como sede y pretexto la ciudad gótica. Calles abajo la imagen del Gran Guasón se proyectaba a lo largo y ancho del Empire State. Solo un detalle, no era una ficción, era real: Donald Trump había sido elegido presidente de la nación más poderosa del mundo.

Tras ocho horas de transmisión continua en los estudios de Bloomberg, Leonardo Kourchenko, Juan Pablo Spinetto y su equipo de producción llegamos a un bar sobre la séptima avenida para suavizar con una cerveza el trago muy amargo que nos estábamos refinando. Ya Carlos Manuel Rodríguez se había marchado. Nuestras caras largas inmediatamente atrajeron la euforia ruidosa y sarcástica de un grupo de Trumpistas. Sí, el sadismo y el resentimiento fueron emociones que lo encumbraron.

El Guasón obtenía la posición para iniciar la sistemática destrucción y boicoteo del mundo creado por Obatman. Batichica Clinton se quedó chica, fue una mala candidata y sobre todo un blanco fácil y a modo para una oleada anti establishment. Con todo y todo ganó el voto popular (el voto sin trucos y gerrimanderings) por holgados tres millones de votos. Resultado anecdótico, el colegio electoral fue para Trump y agárrense.

Al cumplirse un año de este cataclismo, la gestión del presidente Trump ha sido aún peor de lo que pudiera esperarse. Desastrosa desde casi cualquier punto de vista, menos para una base fanática que, aunque cada vez menor, sigue siendo grande y sólida (como el nitrito de boro). Lo cual por cierto espanta y preocupa. Son esas personas que lo seguirán apoyando haga lo que haga, tuiteé lo que tuiteé, humille a quien humille, impermeables a la evidencia de una fuerza demoledora, eficaz para destruir, pero incapaz de construir algo.

El inmenso poder que tiene en las manos un presidente de los Estados Unidos ha sido utilizado para debilitar sistemáticamente a todo y a todos incluyéndolo a él mismo, su familia, su organización, su gobierno, su partido, su país, su occidente. Ha usado el poder para generar miedo y no para sembrar esperanza.

El supuesto hombre fuerte ha resultado un “Debilitador en Jefe”. Veamos lo que ha sido capaz de destruir y debilitar.

Militarmente entrando a un intercambio de amenazas nucleares con el líder de Corea del Norte, boicoteando el arreglo con Irán con lo que desestabiliza el medio oriente, sembrando dudas sobre la estabilidad de la OTAN, debilitando relaciones clave como con Alemania y Europa en su conjunto.

Legislativamente al ser incapaz de sacar adelante una sola ley de gran impacto, al fallar estrepitosamente, una y otra vez, con la larga promesa republicana de derogar y reemplazar Obamacare. Hoy en el Congreso se discute y trabaja sobre la joya de la Corona, una Tax reform que explica por qué muchas compañías y ciudadanos lo siguen apoyando para lograr un beneficio económico directo. Legislativamente se ve como “última llamada… última”.

Comercialmente al salirse del TPP y dejar camino libre a China, y al torpedear el concepto de Norteamérica como una plataforma regional de producción y mercado. Aquí el riesgo de la terminación del TLC es alto.

Medioambientalmente, al abandonar el Acuerdo de Paris contra el cambio climático, eliminar regulaciones e impulsar industrias contaminantes.

Migratoriamente, generando fallidos intentos por cerrarse a países enteros, sembrando pavor y sicosis entre los migrantes indocumentados y poniendo en el filo de la navaja a los jóvenes beneficiarios de Daca, con una espada de Damocles pronto a dejarse caer.

Partidariamente, al dividir no solo a su país sino también a su partido, estimulando renuncias de senadores clave y no descansar en criticar o amenazar a figuras políticas de su cancha.

Administrativamente, al criticar, contradecir y menospreciar a los miembros de su gabinete (y dentro de éste muchas bajas de personajes relevantes como Bannon, Flynt, Spicer, Scaramucci, Price: una verdadera carnicería). Al propiciar también la fuga de cuadros administrativos y técnicos que no han querido sumarse a su gobierno y al ser incapaz de llenar las designaciones que le corresponden por ley (hay más de 100 cargos vacantes).

Éticamente, al no haber trazado un muro claro entre sus intereses de negocio y su responsabilidad como presidente. Se imaginan a Peña Nieto promoviendo las marcas de sus negocios a la primera oportunidad, en cualquier discurso y a cualquier hora. Impensable hasta en nuestro país.

Socialmente, al exacerbar las divisiones sociales, combatir la diversidad, generar medidas contra inmigrantes, mujeres, homosexuales y transgéneros. Al crear un ambiente que saca de las catacumbas a los supremacistas blancos y nazis. Azuzando los latentes sentimientos racistas de una parte importante de la mayoría blanca.

Informativamente, al mentir en promedio más de una vez al día, al torpedear a los medios de comunicación más objetivos y profesionales difamándolos y etiquetándolos como “Fake News”.

Judicialmente, al estar siendo cercado por un fiscal independiente que ya levantó cargos y acusaciones contra su exjefe de campaña. Se esperan más caídos en este proceso.

Y la lista sigue…

Ya las urnas empiezan a cobrarle la factura. Los demócratas han ganado las elecciones de gobernador en Virginia y New Jersey, la alcaldía de Nueva York y muchas posiciones en legislaturas estatales. Es predecible que resultados así se sigan acumulando y en las elecciones de medio término en noviembre del 2018 estas derrotas para Trump sean contundentes.

Sin embargo, las causas y los resortes sociales que llevaron a Trump a la presidencia siguen allí, lo que ha fallado es el líder que las lleve hacia adelante y no hacia atrás. El peligro sigue “vivo y coleando”.