Aquí no hay negros

* Este texto se publicó originalmente el 17 de Octubre de 2018 en El Blog de LEXIA de Animal Político.

Por: Doris Guisao

Si no reconocemos la aportación africana

en la conformación de México,

no nos estamos entendiendo”.

María Elisa Velázquez

Antropóloga mexicana

La idea generalizada de que “en México no hay negros” ha causado invisibilidad a un sector importante de la población, lo que se traduce finalmente en violencia y discriminación. ¿Pero, por qué esta negación?

Para empezar, el propio Estado mexicano se ha tardado –casi cuatro siglos- en reconocer su existencia. En 2015 se contabiliza por primera vez a la población afrodescendiente del país, en este censo hecho por el INEGI se incluye la pregunta para autodeterminarse negro o afrodescendiente, es decir, afromexicano de acuerdo “con su cultura, historia y tradiciones”. El resultado: un millón cuatrocientos mil mexicanos se reconocen como afros, lo que representa el 1.2% de la población. La mayoría de esta población se encuentra en Guerrero, Oaxaca y Veracruz.

Si bien fue un paso importante incluir la pregunta en el censo del 2015, los resultados no derivaron en políticas públicas que beneficien a este sector como un grupo diferenciado, es decir, que hasta de los grupos de los excluidos están siendo excluidos, quedando así por fuera de los programas de gobierno que están dirigidos a los grupos étnicos de México. Si los afromexicanos fueran clasificados como grupo étnico, recibirían fondos adicionales para la promoción de su cultura y para programas de salud pública, educación, y acceso a tierras. En vez de estar en la marginalidad actual en la que se encuentran.

Como bien señaló el antropólogo mexicano Gonzalo Aguirre Beltrán, en su libro “La población negra  de México” (1945), en este país se ignora la importancia que tiene el africano en la composición cultural, social y genética de su población. Lo anterior, entre otras cosas, se debió a la temprana mezcla –en comparación con otros lugares- que se dio entre la población negra, los indígenas y mestizos, “borrando” así todo rastro de africanía y diferencia con la excusa del mestizaje para dar paso al proyecto de nación mexicana. “El negro no pudo reconstruir en la Nueva España las viejas culturas africanas de que procedía, a diferencia del indígena que, reinterpretando sus viejos patrones aborígenes dentro de los moldes de la cultura occidental, logró reconstruir una nueva cultura indígena, el negro sólo pudo, en los casos en que alcanzó un mayor aislamiento, conservar algunos de los rasgos y complejos culturales africanos”

Pues bueno, esto no ha cambiado en la actualidad, no sólo no siguen existiendo en el imaginario de los mexicanos en general, sino que no se ha hecho un reconocimiento constitucional por parte del Estado mexicano. El problema no sólo es que estén borrados de la historia mexicana sino el nulo acceso a políticas públicas que fomenten sus raíces, cultura y patrimonio. Su rezago educativo, acceso a servicios de salud y educación, sus niveles de analfabetismo, acceso a servicios en la vivienda y sus ingresos laborales muestran una realidad que puede caracterizarse, como “pobreza por discriminación”. 

Actualmente existen movimientos por la defensa de los derechos de los afromexicanos, principalmente en la Costa Chica, Guerrero y Oaxaca, como también un interés académico por estudiar las raíces africanas que quedaron enterradas con el ideal del mestizaje. Sin embargo, los esfuerzos de la academia y las organizaciones civiles no han sido suficiente para lograr un reconocimiento jurídico y social, el argumento del Estado: “No son un grupo étnico”, como mencionó el antropólogo Peter Wade durante los años 80 cuando se daba este mismo debate en el resto de América Latina: “La gente indígena, cabe fácilmente en la categoría de Otro, de distinto. En cambio, a la gente negra se le ve como otros ciudadanos más, aunque vistos por muchos como ciudadanos un poco sub-desarrollados, primitivos o inferiores” (Wade 1984).  La etnización de la negridad, como lo llamaría Eduardo Restrepo, no fue tarea fácil para el resto de América Latina, el reconocimiento social y constitucional fue un primer paso para una lucha que aún continúa y que en México urge que empiece.

Nos encontramos actualmente en el Decenio Internacional para las poblaciones Afrodescendientes promulgado por la ONU en el 2015, cuyo objetivo principal el de “reforzar las acciones y medidas que garantizan el pleno ejercicio de los derechos económicos, sociales, culturales, civiles y políticos de los afrodescendientes, así como su participación plena y equitativa en la sociedad. Bajo el lema “Reconocimiento, Justicia y Desarrollo”, el Decenio ofrece un marco operacional para estimular a los Estados a erradicar las injusticias sociales heredadas de la historia y para luchar contra el racismo, los prejuicios y la discriminación racial que todavía sufren los afrodescendientes.” Así que ¿Cuál es el reto? Reconocernos en las diferencias, luchar contra el racismo, la discriminación y dejar de postergar el reconocimiento social y jurídico de este sector.

En LEXIA somos conscientes tanto de la diversidad como de los retos que tenemos para luchar por un mundo más incluyente, proponemos reconocimiento, integración y respeto.