Cálmate mi amor

Carlos Gutiérrez @Nudo_Gordiano_

El hostigamiento, la violencia y los secuestros en contra de las mujeres lamentablemente no es una novedad. Tampoco resulta una nueva ola de violencia atípica lo que se vive diariamente. Los constantes actos de delincuencia impune de este país resultan en uno de los principales problemas ante la inminente castración social que reduce la libertad y trasmina la indiferencia colectiva e institucional.

“Cálmate mi amor” comenzó como una nueva estrategia de tentativa de secuestro a finales de septiembre de 2018, la cual involucra un montaje entre el(los) perpetrador(es) basado en una dinámica interpersonal de una pareja en pleno conflicto “porque eso es normal”. Al igual que en cada amago perpetrado se pretende establecer una relación de sometimiento y opresión. Sin embargo, este fenómeno ha sido avivado en los últimos meses bajo diferentes enfoques que extrapolan las opiniones ante la poca claridad en el seguimiento de denuncias y los testimonios que han cobrado relevancia desde las redes sociales:

Teorías conspirativas

Se recupera la problemática como un ancla en contra de las buenas acciones que está llevando a cabo el gobierno en turno, es “encontrar el frijol en el arroz”. Esta ola de violencia no es más que una tendencia por sabotear el desempeño del gobierno y minimizar las acciones que están cobrando relevancia en el país.

Si bien el entramado social y político se encuentra en momentos de fragmentación y replanteamiento de objetivos, no existe evidencia alguna para identificar una campaña de desprestigio por medio de un acto de genocidio y crimen de Estado -en términos de Marcela Lagarde- como el que viven las mujeres a lo largo del país. ¿Cuál sería el beneficio de imprimir mayor miedo y caos ante un problema transversal y transexenal?

La teatralización de la violencia

La normalización de la violencia en parejas y relaciones interpersonales ha permitido abrir un umbral de “correcciones privadas” que son vistas con regularidad y, por tanto, comunes, aceptables, congruentes con el perfil de sumisión. Resulta cotidiano ver por las calles a parejas discutiendo, personas alcanzando a su pareja para continuar el altercado y aclararlo con la frágil promesa de que todo cambiará. Este montaje recurre a la identificación de ideas colectivas sobre las rabietas femeninas y la invaluable indulgencia masculina; la culpa es femenina y el perdón masculino.

De acuerdo con las últimas estadísticas del INEGI en materia de violencia contra la mujer, 19.1 millones de mujeres han declarado enfrentar violencia por parte de su esposo o novio, siendo el 64% de los casos una violencia severa y muy severa en términos económicos, físicos, emocionales y sexuales. De esta manera, los actos no sólo son intramuros, sino cotidianos, públicos y reconocidos como parte de nuestra cultura a modo de novela urbana; se recurre a la maña para una agresión física y/o verbal.

Apropiación de espacios

“Tomé un taxi en la disque base de taxis del metro observatorio, con dirección a mi domicilio Olivar del conde. A los 5 minutos de haber abordado el taxi, el chófer comenzó a tocar mi pierna y a decirme que me fuera con él a su pueblo. Era un hombre aproximadamente cómo de 50 años, gordo y canoso. Le dije que me bajara y vi que los seguros del coche estaban rotos, entonces sentí mucho miedo, y le hablé a mi papá, pero no me contestó. Pero yo disimulé que sí hablaba con él. Entonces le dije al señor que ya me bajara y aceleró más, le dije que le envié la ubicación a mi papá y venía en busca de mí. Me pegó y me abrió la puerta súper enojado. Gracias a Dios que me dejó ir.” Serendipia Data 2018-08-12

El choque entre la defensa de espacios públicos y la adaptación de espacios privados como refugios han presentado un nuevo enfoque basado en un ciclo reactivo más que preventivo. Por un lado, activistas como Sandra Barrón, Dana Corres y Alejandra Padilla de Serendipia Data, elaboraron una base de datos colaborativa para mapear los lugares y las circunstancias en que se están registrando estos delitos, que abarcan también al Estado de México. Entre los hallazgos:

  • Los horarios de mayor incidencia son de 2 a 3 de la tarde y de 8 a 9 de la noche.
  • En casi 20% de los casos hay tres o más agresores involucrados.
  • Como resultado de la agresión, las víctimas reciben desde rasguños, golpes, fracturas e incluso fueron violadas.
  • De las 131 denuncias públicas recabadas por Serendipia Data, el 97% no procedieron como denuncia por falta de testigos, por la ubicación, por inexistencia de delito, por no devolver la llamada.
  • Los casos se concentran en las colonias San Miguel, Centro, Buenavista, El Rosario, Daniel Garza, Ciudad Universitaria, Juárez, Portales Sur, Campestre Churubusco, Insurgentes Mixcoac, Sevilla y Roma Sur, entre otras.

Por otro lado, los establecimientos y locales han generado códigos de seguridad y espacios de acceso resguardado para toda mujer que se sienta amenazada o en una posición de vulnerabilidad. Sin embargo, esta postura recae en el hecho del vacío institucional y jurídico al momento de tomar parte en un caso y darle seguimiento a un delito. Se rebasa la delgada línea que existe en la proactividad y la discrecionalidad.

Denuncia y Defensa con proteccionismo sutil

La vulnerabilidad es un elemento apreciativo. Ante la ineficiencia de los operativos y la reducida lista de procesos abiertos ante las autoridades correspondientes, la denuncia se ha convertido en una demanda digital, que no siempre cuenta con rostros, sino con historias y recomendaciones las cuales muchas veces son viralizadas y sometidas a escrutinio y juicios de valor. Las recomendaciones apelan a la necesidad de arriesgarse aún más frente al agresor o recurrir a una vestimenta apropiada, horarios restringidos y un cambio al estilo de vida, lo cual sugiere que es más fácil cambiar hábitos como persona que conductas nocivas como sociedad.

¿Será viable seguir con el discurso de las masculinidades protectoras? O corresponde la llegada de un nuevo proceso de resignificación a partir de las feminidades libres y autogestoras. Hasta el momento, esta muestra deja claro que, ante la inacción del Estado, queda la autodefensa.

¿Qué hay de un modelo preventivo?

Los enfoques anteriores plasman un ciclo de violencia que trata de ser combatido por medio de acciones colectivas, pero ninguna se concentra en programas o estrategias integrales de prevención y educación, persisten los siguientes ejes:

  • Normalización: La agresión es justificada, es la autorización social para ejercer una violación a los derechos y la integridad de la mujer.
  • Revictimización: Desgaste físico y emocional al momento de levantar una denuncia. No sólo es víctima del agresor, es víctima del procedimiento de las propias autoridades.
  • Impunidad: La ausencia de un castigo o proceso condenatorio.
  • Invisibilidad: pautas culturales y patrones de violencia normalizados que fomentan la marginación de la persona por parte de la sociedad misma, incluso por parte de las autoridades.
  • Ultraje: el acto mismo de atentar contra la integridad de una persona.
  • Robo: acto complementario o paralelo de quitar pertenencias.

Sin embargo, ¿cuáles han sido los planteamientos en términos de educación, buscando una formación heurística que contemple un seguimiento psicosocial para comprender cómo hemos cambiado como sociedad? ¿Cómo elaborar una cosmovisión basada en la equidad y la ausencia de resentimiento de género y de qué manera nos hemos adaptado al contexto que por años ha mostrado que defender es destino y huir es consecuencia?

Hasta el momento han sido nulas las propuestas de una perspectiva urbana de vigilancia, control y refuerzo como el modelo de Prevención del Delito a través del Diseño Ambiental o CPTED (Crime Prevention Through Environmental Design) que busca recuperar espacios urbanos y limitar los alcances de actos delictivos donde los toques de quedan son arcaicos y debilitan la consolidación de una sociedad desgastada.

Al finalizar este texto han comenzado los arrestos, los operativos en los servicios de transporte colectivo y los nuevos enfoques por verbalizar digitalmente las denuncias que no tienen un fin vinculatorio ante autoridades. Es preciso identificar los elementos que, como sociedad, nos han envuelto en una dinámica de sumisión, autodefensa, jerarquización y violencia.

El tiempo corre…