De perdones y amnistías. ¿Y la justicia?

* Este texto se publicó originalmente el 10 de Enero del 2018 en El Blog Mente Social en Animal Político.

Debemos reflexionar a fondo sobre nuestra relación con el perdón. Hoy es una relación anómica que nos está destruyendo, desgarrando el tejido social. Perdonamos todo como sociedad y no castigamos nada, casi nada (si acaso la pobreza que impide comprar “justicia”).

En México 97 % por ciento de los crímenes quedan impunes. Es decir, son perdonados ¿de veras queremos más perdones?

En México nos sobra perdón y nos falta justicia. La #CrisisNacionaldeImpunidad que sufrimos no es otra cosa que una apremiante tragedia donde la Justicia es una especie en extinción ¿Y le queremos dar el tiro de gracia?

Inmersos en una matriz cultural católica, a los mexicanos nos han hecho pensar que perdonar siempre es bueno, qué eso es lo que hay que hacer. El problema es lo que hacemos sin ton ni son.

Debemos reflexionar a fondo sobre nuestra relación con el perdón. Hoy es una relación anómica que nos está destruyendo, desgarrando el tejido social. Perdonamos todo como sociedad y no castigamos nada, casi nada (si acaso la pobreza que impide comprar “justicia”).

Estas líneas han sido detonadas tras la lectura de la carta abierta a AMLO que le dirige Javier Sicilia y el profundo y preciso texto de Jacobo Dayán citado en la propia carta.

Sicilia, por cierto, un católico sin ambages a quien solo troles y bots podrán acusar de represor, le comenta que incluso desde una perspectiva católica -donde el perdón ocupa un papel central-  la propuesta de amnistía flotada por AMLO es una patente de corso para el olvido.

Amnistía. Amnesia. Olvido, eso significan las palabras. Borrón y cuenta nueva. Esta secuencia redobla la impunidad, revictimiza, hace leña del árbol caído y resultaría en una verdadera apología del delito.

Comparto con Sicilia la impresión de que esta idea de AMLO no nace de la mala leche sino de una buena intención, de la creencia de que hay que hacer algo diferente para sacarnos de esta espiral de destrucción arrancada por la insensata decisión de Calderón de meternos por decreto a una desastrosa guerra contra los carteles del narco. Pero es verdad que “de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno”.

Sicilia y Dayan convergen en que el perdón no es un punto de partida sino un punto de llegada.

Le dice Sicilia a AMLO: “Sea lo que sea, perteneces a la fe cristiana, y supongo que cuando hablas de amnistía –una palabra equívoca–, la confundes, en tu confuso y peligroso redentorismo, con el perdón. No son lo mismo, Andrés Manuel: el perdón nunca es olvido. Es una sobreabundancia del don del amor: una gracia, una gratuidad aumentada (per es un sufijo que aumenta el sentido de la palabra don, regalo, que viene a su vez de donare, dar). Pero para que se cumpla debe acompañarse de la justicia. El sacramento de la reconciliación, del perdón, tiene varias partes: examen de conciencia, dolor por el o los actos cometidos; petición de perdón, propósito de no volver a cometerlos y penitencia”.

Por su parte Dayan, ya no en un código teológico sino desde una perspectiva de respeto y defensa de los derechos humanos, nos explica el concepto de justicia transicional: “No se trata de amnistías sí o amnistías no. Las amnistías solo son una parte de un complejo engranaje y, en este caso, se insertan en lo que se conoce como justicia transicional. Hay que echar mano de toda la caja de herramientas y no solo de una de ellas (…). A grandes rasgos, la justicia transicional incluye elementos como la memoria, la verdad, la justicia, la reparación a las víctimas y las garantías de no repetición”. Para ilustrar el concepto señala la secuencia del caso colombiano:

 El “Acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera” contempla todo un sistema integral compuesto por los siguientes elementos:

  • Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No
    Repetición.
  • Unidad especial para la búsqueda de personas dadas por desaparecidas en
    el contexto y debido al conflicto armado.
  • Jurisdicción Especial para la Paz.
  • Medidas de reparación integral para la construcción de la paz.
  • Garantías de No Repetición.

Las sociedades que han pasado por procesos de violencia similares al nuestro comienzan por reconstruirse desde la recuperación de la memoria y la verdad. En nuestro país las autoridades han apostado por el olvido. Primero creemos un sistema robusto de Comisiones de la Verdad. Las amnistías después”.

Este caso ilustra con preocupante claridad el gran peligro existente en posibles “soluciones” políticas y futuras políticas públicas que acudan a soluciones mágicas basadas en las características propias de nuestra idiosincrasia y a la vez de nuestras debilidades institucionales. Hay que corregirlas no sobreexplotarlas.

Para salir de los ríos de sangre, del temor permanente, de la irritación cotidiana, de la naturalización de la venganza… es clave no olvidar. No olvidar ni el 2 de octubre ni ninguna otra fecha en el calendario. Primero, la verdad y luego la justicia, solo entonces debemos y podremos perdonarnos.

 

@guidolara