Millennials: ¿Para qué hacer hoy lo que, con un clic, podemos hacer mañana?

Por Hesser Flores

Ser millennial es la moda; no importa a dónde se voltee, en todos lados se habla de ellos, son quienes atrapan la atención. Esto se deriva del modus vivendi y del consumo particular que tienen. Existe gran información sobre el tema para desarrollar una radiografía de quiénes son, cómo consumen, cómo viven, cómo compran, cómo buscan trabajos…

Se percibe un halo de ser “el target centrípeto del momento”. Cargan en sus hombros la oportunidad de hacer del mundo un lugar mejor, ya que cuentan con habilidades sociales e interpersonales que generaciones anteriores no promovían: son agradables, tolerantes, diversos, con capacidad de aceptación de otras personas, hábiles en la búsqueda online, uso de Apps que permiten compartir contenido…

woman-girl-technology-music

Sin embargo, y como dicen, “nadie es monedita de oro para caerle bien a todos”; entonces ¿este mismo refrán aplica para los millennials? Pues si vemos el otro lado de la moneda, la cara oculta o, su lado oscuro, el dicho se cumple. Los millennials cuentan con características que resultan inconsistentes con lo que dicen que son y lo que manifiestan.

Dichas características se les atribuyen a una deficiente o ausente crianza, provocando un aplazamiento de las responsabilidades de un adulto; ¿para qué apurarse con un plan, si lo que sobra es tiempo? La respuesta está en su día a día; ante la supuesta falta de crianza, optaron por buscar confirmaciones de quien fuera, encontrándolas en sus semejantes. Ahí es cuando entra el boom de la tecnología y, desde luego, las redes sociales.

Esas redes satisfacen lo que tanto añoran; ser quienes son, sin filtros, hacerse oír y que otros les respondan; pero ¿cómo se pueden sentir satisfechos en un ambiente exigente que cambia a diario, donde los contenidos están pensados para no dejar pruebas pero sí huella? La respuesta está al alcance de un clic: el me gusta y el retweet.

photo-1423666639041-f56000c27a9a

Al entrar en el ámbito laboral o al ser cuestionados sobre algún tema en particular, se presupone que, por nacer en una época de auge tecnológico y mayor facilidad de acceso a la información, los millennials tendrían una ventaja. Además, esta serviría para aprovechar lo que otras generaciones no tuvieron.

Sorprendió, sin embargo, cuando los millennials hicieron parte de su vida las herramientas tecnológicas que tenía a mano, pero no con el fin de aprovechar la gran cantidad de información que ahora está al alcance de un clic. Al contrario, ellos las adaptaron como medio para desarrollarse, lo que se traduce en la comprobable acción de no estar informados/preparados al momento, pues postergar una tarea es la clásica respuesta; al fin y al cabo, la información ahí estará para cuando urja, a un simple clic de distancia.

La consecuencia no se hizo a esperar. Si de antemano se sabe que la tarea se puede hacer en poco tiempo, lo común será que se posterguen las responsabilidades hasta el último minuto. La confianza en poder lograr cualquier tarea en poco tiempo se lleva casi al límite y, en el peor de los casos, se vuelve inmanejable. Dejar las asignaciones para el final, es una actitud particular del comportamiento del mexicano. ¿Qué significa esto? Que vivir y crecer en una época en la cual todo está a la mano es una respuesta perfecta para miles de jóvenes que a menudo dicen “¿Para qué hacer hoy? Tengo internet”, “¿Urge un trabajo? Al rato lo busco”, “Puedo hacer la tarea antes de clase…”.

En teoría, al hacer uso de la tecnología diariamente, los millennials sacarían provecho de ella, la manejarían a la perfección; pero gran sorpresa se llevan al enfrentarse ante cuestionamientos o tareas específicas que tienen como fin algo más que el share. Esto se debe a que el uso real que se le da a la tecnología apunta a la convivencia en redes sociales, ya que suplantan actividades de interacción cara a cara, haciendo más rápido el proceso que implica conocer o que los conozcan; se ha manejado la tecnología como fin y no como medio.

En fin, si la historia nos ha demostrado algo, es que las modas pasan y, en lo que eso sucede, se está convirtiendo a los millennials en el foco de atención de campañas, productos, servicios, trabajos y un sinfín de áreas desaprovechando, de repente, un amplio sector de impacto o potenciales objetivos.