El voto de los Millennials: nuevas reglas, nuevo juego

Por Yolanda Barrita

Estamos en la carrera electoral rumbo al 2018 y poco se ha hablado de los votantes más jóvenes, aquellos que incluso al día de hoy no cuentan con la mayoría de edad. Sin embargo, para esas fechas ya serán votantes por primera vez.
Dentro de los millennials – aquellos nacidos entre 1980 y 2000 -, encontramos una población de 11 millones de jóvenes de entre 15 y 19 años (Young Millennials), mismos que representan un gran reto para los actores políticos.
Estos jóvenes se caracterizan por su avidez libertaria, necesidad de ser diferentes porque crecieron en un contexto de incertidumbre en lo social, económico y político, además de vivir en un entorno de constante y veloz transformación.
Ante este escenario, surge el reto de ayudar a nuestros socios estratégicos de LEXIA a conectar con este segmento a partir ciertos de ejes rectores:

Si ellos no van a la política, lleva la política a ellos

Precisan un nuevo discurso en cuestiones políticas y electorales, con una perspectiva de interacción e inclusión que aborde temas cercanos a ellos. De acuerdo a la Encuesta Nacional de la Juventud 2012, 90% de los jóvenes les interesa poco o nada la política, en gran medida como resultado de la mala imagen de los políticos y de la lejanía de los mismos, ya que pareciera que éstos se interesan por los votantes solo durante los procesos electorales.

Asimismo 26% de estos votantes potenciales consideran que es importante participar en la política sólo cuando es por obligación, palabra que genera inmediato rechazo en los Millennials. Es así que la política estructurada bajo un esquema del deber y de obligación aumenta la distancia con el electorado. Esta generación se mueve por la libertad y la disposición y no por la imposición, por lo que los discursos que acerquen las problemáticas desde una óptica de interés colectivo serán más atractivos. 

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La inclusión como eje rector

No se identifican con relaciones verticales, los atraen los discursos horizontales que desemboquen en acciones colectivas; no quieren ser una propuesta política si no parte de una propuesta, desean construirla en conjunto por lo que todo lo que conlleve a inclusión y la interconexión será bienvenido.

El caso de Pedro Kumamoto, diputado independiente en Jalisco, triunfó con un presupuesto menor al de sus opositores gracias a un trabajo colectivo principalmente en redes sociales y con un discurso centrado en ejes incluyentes y atractivos para este segmento. “No queremos que se vayan todos los políticos, sino que queremos entrar todos a la política”.

También, a través de sus smartphones tienen un mundo de información literalmente en sus manos, mediante una comunicación cada vez más breve y concreta. Esto los dota de un sentido más crítico y exigente.

No hay que ser como ellos, hay que conectar con ellos

Son expertos en detectar la simulación, además de rechazarla y trollearla, por lo que la ausencia de naturalidad no sólo no se perdona en un candidato, sino que además puede convertirse en una bola de nieve digital.

También rechazan las etiquetas por lo que un perfil distinto, autentico es mucho más valorado, creíble y atractivo siempre y cuando sepa comunicarse con ellos y establecer un vínculo

Redes sociales: la nueva plaza pública

El sentido de acción y “participación ciudadana” cobra un nuevo valor a través de las redes sociales, las cuales son la nueva plaza pública donde se discuten temas de interés colectivo, se hacen protestas ante injusticias y se denuncia.

Las redes son el lugar donde un candidato puede conectar o desconectar con su electorado, por lo que hoy más que nunca es imprescindible una estrategia diferenciada para medios tradicionales y una para redes que aborde narrativas transmediáticas, storytelling, gamificación.

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El candidato más que el partido

El peso y la relevancia en un proceso electoral recaen en el candidato por encima del partido. Crecieron con la alternancia partidista, por lo que la identifican como sana y necesaria. A esto se suman los desaciertos de los gobiernos federales y estatales en manos de la alternancia. Como resultado, las candidaturas independientes se están posicionando como caminos alternos por la novedad y la autonomía que representan ante el deslinde de la ya agotada política mexicana.