#FenómenoSocialdelMes – Una para el Mundo 

Por Carlos Sierra @CarlosSierraOz 

Ha concluido la Copa del Mundo y múltiples narrativas han surgido a partir del espectacular juego en Moscú: Mbappé como la nueva super estrella, Vladimir Putin como el único funcionario al que se le proporcionó un paraguas cuando una pesada lluvia cayó sobre el campo de juego y por supuesto todos quisimos un abrazo de la presidenta croata Kolinda Grabar-Kitarović. 

Sin embargo, hay una que me parece clave en el contexto mundial actual: la pluriculturalidad del equipo francés; la historia de un puñado de hijos de migrantes que le regalaron a su país el segundo campeonato mundial.  

La relevancia de esto no es menor pues en el terreno político-electoral, Francia -como varios países del mundo- ha visto el crecimiento de propuestas de ultra derecha anti inmigrante y anti globalista que promueven la supremacía blanca sobre otros colores y credos (como bien apuntó Leo Zuckerman en Twitter), generando división y odio entre buena parte de la población.  

En contraste, el campeón del mundo cuenta en su plantilla con 15 jugadores hijos de inmigrantes (dos tercios de la selección) lo que lleva a pensar que el triunfo “Les Bleus” no sólo fue para la tierra de Napoleón o de Christine and the Queens, sino una victoria para la idea de la integración, de la migración, de la globalidad, del mundo abierto.  

Una victoria que comparte calendario con la estancia del presidente norteamericano Donald “Donnie” Trump a Europa con un claro (y extremadamente xenofóbico) mensaje: immigrants are causing Europe to lose it’s culture (nota para el lector: no, la cultura no se pierde, evoluciona, se enriquece). 

Sólo por hoy me toca regocijarme de que (a diferencia de las fronteras) las selecciones nacionales abren sus puertas al talento, permiten que brillantes jugadores encuentren la situación ideal para alcanzar sus sueños, para patear la pelota con todas sus fuerzas y alzar la copa del torneo más importante en el mundo del futbol… 90 minutos para la Historia.  

Francia (quizá sin querer) nos recuerda que las fronteras son imaginarias, que el juego y la alegría no conocen de pasaportes, que las diferencias nos unen y que somos mejores cuando hacemos comunidad.  

Qué alegría contagian todos esos franceses que llevan en la sangre algo de África y algo de Europa del Este (y una pizca de Latinoamérica cuando gritan en el vestidor “Viva México Cabrones”).  

Ojalá esto signifique mayor conciencia y detenga la proliferación de muros porque hoy, a través de los galos ¡Ganó el mundo entero!