Hombres, no es contra nosotros

Artículo que apareció en el Blog de LEXIA en Animal Político el 13 de Febrero

Por: Raúl Méndez (@rulwolf)

Muchos hombres hoy emiten quejas constantes sobre cómo vivimos discriminados, marginados; que todos se preocupan por el asesinato de mujeres, pero nadie piensa en los asesinatos de hombres; que los dados jurídicos, políticos y sociales están cargados a favor de las mujeres. Que el feminismo es una “ideología” de segregación porque desde el nombre “feminismo” ya se muestra que la preocupación está exclusivamente en un solo género; que debería llamarse, según dicen algunos, “igualismo” (decir esto último es tan desatinado como afirmar que la tierra es plana, porque donde vivimos se llama “planeta”, ¡si la tierra fuera redonda, se llamaría redondeta!).

Las recientes denuncias respecto de secuestros, e intentos de secuestro, hacia mujeres en el Metro bajo la modalidad “cálmate mi amor”, ha visibilizado una forma de violencia diferencial de género. Un hombre no será forzado a acompañar a otro hombre bajo el pretexto de que se encuentra alterado o porque quien lo obliga a acompañarle es su pareja.

El argumento “cálmate mi amor” con el que socialmente una persona puede forzar a otra a ir con ella, solo funciona cuando la persona coaccionada es una mujer. Porque es parte de lo que la antropóloga Rita Laura Segato llama los mandatos culturales, en este caso sancionando que las mujeres deben ser controladas en sus volátiles emociones, que si se encuentran alteradas un hombre tiene la autoridad para retirarla del espacio público.

A pesar de estar ante una problemática que afecta directamente a las mujeres, se ha intentado relativizar la situación mediante el leit motiv del machismo: “a los hombres también nos pasa”. Si se refiere a secuestros es evidente que sí, pero no en cuanto a esta modalidad de secuestro en el metro. No se está hablando de secuestros en general, ni de los actos de delincuencia por todos conocidos; la modalidad “cálmate mi amor” es un crimen diferencial del que no, los hombres no somos susceptibles de ser víctimas y que requiere acciones desde el gobierno con un enfoque específico de género.

Como creemos que desde los tiempos paleolíticos los hombres somos los protagonistas de la historia, y hasta de la prehistoria, tal como señalaba Simone de Beauvoir en su obra “El Segundo Sexo”, parece ser altamente ofensivo que exista un lugar en el que los hombres no tengamos el foco de atención; así, los lugares en donde las mujeres luchan por ser reconocidas y atendidas requieren una rápida regulación patriarcal para evitar que sean ellas las protagonistas.

En LEXIA constantemente apoyamos a marcas y gobiernos para que puedan desarrollar no solo una perspectiva de género, sino apropiarse de las razones que están llevando a la sociedad a tomarse en serio la representación social, participación y presencia de las mujeres, comprendiendo sus especificidades de género más allá de polarizaciones. Al respecto, nuestro estudio Lifewife: La nueva mujer realiza una investigación comparativa para comprender las nuevas dimensiones del actuar de las mujeres en los espacios domésticos y públicos, entendiendo la importancia que tiene la tecnología en su cotidianidad. Ha sido el uso de esta tecnología, mediante dispositivos móviles y redes sociales, el que ha logrado generar esta movilización sobre la inseguridad en el metro.

En un caso concreto de protagonismo masculino, ampliamente ventilado en redes sociales, estuvo involucrada la Librería Porrúa, la cual emitió un comunicado dirigido hacia los hombres diciendo que no estamos exentos de sentirnos en peligro y abre las puertas de sus librerías para aquellos que se sientan en peligro. De este modo, la inseguridad se ve de forma general, se niega que hay una incidencia particular que afecta solo a las mujeres. Estos intentos de democratizar la vulnerabilidad tienen el efecto de ocultar la problemática de género. La librearía realizó un comunicado posterior intentando “aclarar” su postura, sin embargo, se trataba de un panegírico apologista de los hombres, señalando que hay hombres que no violentan, sino que son buenas personas.

¿No podemos los hombres simplemente dar un paso atrás y permitir que los problemas de las mujeres se visibilicen sin que seamos el foco de atención?  


Pero no solo mediante este alegato de “a los hombres también nos pasa” o “no todos los hombres son iguales”, se intenta negar la especificidad de género en un problema de inseguridad, sino también en la forma de responder a él.

Pronto, tras la visibilización de los secuestros de mujeres en el Metro, surgieron egregios y portentosos héroes viriles, proclamando a los cuatro vientos que ellos, cual aliados valerosos, están para defender a las mujeres, quienes pueden acudir a tan gallardos paladines si ellas se encuentran en peligro. Así, nuevamente, el tema es dominado por los hombres. Resulta significativo que estos mismos hombres, al ser criticados por mujeres debido a su protagonismo, respondieran airados y ofendidos por el menosprecio del que se sintieron objeto y acusando que, entonces, las mujeres buscaban ser violentadas debido a negarse a recibir el apoyo de un buen hombre. Hasta ahí llegó su buena voluntad.

¿Qué mejores héroes que un grupo de musculosos hombres? Así lo planteó la marca de gimnasios Smart Fit, quien, en una iconografía altamente reveladora, se suma a la tendencia de utilizar los retailers o locales de las marcas para que sirvan de lugar de refugio. Esta comunicación nos muestra a un superhéroe masculino, con el cuerpo extendido, ocupando el centro de atención, que protege a las mujeres.

No se niega la buena voluntad de estas marcas, se trata de un típico caso de buena Big Idea, pero mala ejecución. Que los espacios comerciales en la vía pública sirvan para apoyar a mujeres, y sí, también a los hombres, en riesgo es sin duda, una gran iniciativa. Tampoco está mal que haya hombres que entienden la problemática y estén dispuestos a ayudar a mujeres si lo solicitan. Lo que resulta insostenible es que por el afán protagónico masculino se niegue o relativice la especificidad de la violencia de género.

Respecto de los secuestros de mujeres en el metro, los hombres tenemos que entender que no es un secuestro estándar, no es la delincuencia ante la que todos estamos propensos, la modalidad “cálmate mi amor” es una agresión orientada directamente hacia las mujeres. No es contra nosotros, no en esta ocasión.

Al poner el foco de atención en este riesgo para las mujeres no se está olvidando ni negando que los hombres también somos vulnerables, nadie nos está atacando ni invisibilizando. Simplemente los hombres no necesitamos acaparar el protagonismo todo el tiempo, como muchos lo intentan ¡hasta en las marchas de mujeres!; los hombres no debiéramos estar a la defensiva, reconocer que hay una alerta de género en el metro no nos está agrediendo, ¡no es contra nosotros! Atrás de la línea amarilla, por favor.