Los desaparecidos: una ausencia en las campañas

* Este texto se publicó originalmente el 8 de Febrero del 2018 en El blog de LEXIA en Animal Político.

Por: Victoria Cárdenas (@MissCKruczynski)

Para muchos en México, el día a día lo viven lleno de dolor, desazón, e incertidumbre.

La lista de desaparecidos en México se alimenta por miles de nombres. De acuerdo con el Registro Nacional de Personas Extraviadas o Desaparecidas (RNPED)[1], hasta el 31 de octubre del 2017 había en el país 33,513 desaparecidos con base en denuncias presentadas en el fuero común, y hasta el 31 de diciembre 1,161 desaparecidos con base en denuncias presentadas en el fuero federal.

Los desaparecidos ponen en evidencia lo mal articulado y el desgaste de los mecanismos de los sistemas de justicia. Ante la actual problemática, dentro del paquete de propuestas electorales, ninguno de los candidatos a la presidencia ha tomado el tema, no existe un mensaje, los desaparecidos también están ausentes en las campañas.

La desaparición en México es sinónimo de ocultamiento, de silencio, de no existencia, de intimidación, y de ruptura del tejido social. Es la destrucción de un proyecto de vida, no solo del desaparecido, sino también de quienes lo rodean. La desaparición es un gran “NO”: no se da información, no existió en el lugar donde se decía que estaba, no hay culpables, no se reconoce un arresto, no se reconoce una detención, no existe un nombre, no existe un cuerpo, no hay una tumba, no hay rastro, no se está vivo, no se ha muerto, no hay un punto final, sino puntos suspensivos que flagelan a cada segundo.

El daño producido por las desapariciones no se limita exclusivamente a la víctima, se extiende también a su familia, a la sociedad entera. Lo que genera en los familiares, profundos sentimientos de impotencia, miedo, indefensión y culpa ante la posibilidad casi inexistente de encontrar a su familiar, o peor aún, de ser víctimas directas también.

Las desapariciones, son hechos perturbadores que han afectado a nuestra sociedad, generando así, lo que Ignacio Martín-Baró[2] llama, trauma psicosocial. Al hablar de trauma psicosocial se insiste en que el trauma se produce socialmente, y, por lo tanto, su comprensión y solución no sólo requieren atender el problema individualmente, sino también en sus raíces sociales, es decir, las estructuras o condiciones sociales que lo generan.

Las relaciones sociales de las personas no sólo son causantes de los traumas, sino que su mantenimiento es el que alimenta y multiplica los casos de individuos traumatizados. Las relaciones sociales se encuentran perturbadas, lo que se expresa en procesos psicosociales que tienden a la instauración de la desconfianza, la rigidez, el escepticismo y la violencia como forma de resolución de conflictos.

Considerando entonces el trauma psicosocial y lo que le compone, es posible identificar que la desaparición de personas causa un impacto en los familiares, que ha sido considerada como una forma continuada de tortura, pues afecta todos los ámbitos que componen su vida, sus relaciones, su salud y sus proyectos de vida. En quienes emprenden la búsqueda de manera directa, sus pensamientos y acciones cotidianos se tornan recurrentemente al proceso que implica la investigación.

La indiferencia, la apatía, la pasividad, de las instituciones y el estado, en el proceso de investigación, para encontrar a la víctima, legitiman y afirman una violencia estructural y cultural fuertemente enraizada que lleva a que paulatinamente haya falta de acción social frente a la violación de los derechos humanos.

Ante la negación del ejercicio de los derechos humanos, los altos niveles de impunidad y la estigmatización de las víctimas se produce una escalada de pérdida de confianza en las instituciones y el Estado, así como la eliminación de valores básicos para la convivencia en nuestra sociedad.

Hay una ruptura del Estado de Derecho como sostén de la convivencia social, la impunidad es un obstáculo para establecer la justicia y restituir el orden simbólico. La impunidad se ha convertido en una constante vulneración de los derechos humanos, ha sembrado dudas alrededor de las reglas de convivencia social, y, por último, niega la memoria de los desaparecidos.

En estas circunstancias, ha cobrado gran importancia proponer y llevar a cabo iniciativas, pues se ha quebrantado el orden y el cuerpo social. Dar una “respuesta digna” a los casos de desapariciones es un derecho de las familias y una obligación del Estado.

@LexiaGlobal

[1] http://secretariadoejecutivo.gob.mx/rnped/consulta-publica.php

[2] Ignacio, Martin Baró (1992) Psicología social de la guerra: Trauma y terapia