¿Por qué hay enojo tras el comercial de Gillette?

Artículo que apareció en el Blog de LEXIA en Animal Político el 29 de Enero.

Por: Montserrat Chávez (@MontseChavez129)

Hace unos días, Gillette estuvo en boca de todos por el impacto que ocasionó su comercial “We Believe: The best men can be”; por un lado se encuentran quienes lo han criticado y se han molestado con la marca por percibir que está generalizando el comportamiento del hombre o simplemente por sentir que intenta decir cómo es que hay que comportarse,  mientras que por otro lado se encuentran quienes lo aplauden por promover a la reflexión e incentivar a un cambio.

Probablemente pudo haber un camino diferente para abordar el tema y así evitar que hubiera tantas reacciones negativas, pero lo que es un hecho es que hoy en día la sociedad se encuentra en un estado de hipersensibilidad ante el mismo, pues se ha crecido y vivido con un concepto de masculinidad en el que ciertos comportamientos se han normalizado e incluso justificado; entonces, para algunos el comercial atenta contra dicho concepto, reflejando su molestia en redes sociales.

Pero ¿por qué el comercial provocó estas reacciones? Como dice el refrán, “La verdad no peca, pero como incomoda”, es decir, sin importar si los practican o no, seguramente hay conciencia de que ciertos comportamientos no son correctos, sin embargo, son considerados como parte del género. Entonces, que una marca reconocida, de la que probablemente se consuma alguno o varios de sus productos lance un comercial en el que su objetivo es mostrar que esos comportamientos son incorrectos y que se debe trabajar en cambiarlos, les resulta un tanto agresivo. Está claro que se iban a molestar, a nadie le gusta que le digan lo que está mal y mucho menos lo que deberían hacer.

Y es que, si nos ponemos a pensar, como sociedad se ha contribuido a construir la percepción de que ciertos comportamientos “masculinos” son “algo normal”. Como ejemplo están los chiflidos, las miradas lascivas o los “piropos”, los cuales llegan a estar justificados porque tanto hombres como mujeres han relacionado este actuar con la forma de vestir o la zona por la que se transita, orillando a que quien lo padece opte por cambiar hábitos, como el tipo de vestimenta que debe utilizar o limitarse a ciertas actividades; es decir, el cambio se ha generado en quien ha sido objeto de estas acciones y no en quien lo practica, teniendo como consecuencia que este problema continúe y crezca.

Como este ejemplo hay otros en los que hace falta reflexionar (tanto hombres como mujeres), comprender que, aunque existan comportamientos o maneras de pensar que nos parezcan chistosos, inofensivos o normales, pueden tener un impacto negativo a nivel social y tenemos que saber frenarlos a tiempo para poder generar un verdadero cambio.

Desde mi punto de vista no solo el comercial de Gillette promueve a la reflexión, también lo hacen las reacciones y los comentarios negativos, pues nos demuestran que aún hay mucho trabajo por hacer para generar un verdadero cambio.

Mientras debaten en las redes si el comercial fue acertado o no, muchas como yo, nos resistimos todos los días a cambiar de ruta o de forma de vestir aunque tengamos que soportar esas frases que tan graciosas le resultan a tantos, convencidas de que iniciativas como esta, y muchas otras, vayan erosionando esas prácticas que tanto nos violentan, hasta que un día, nos sorprenda solo escuchar el sonido de los carros al pasar.