Tenemos memoria, tenemos futuro

* Este texto se publicó originalmente el 3 de Octubre de 2018 en El Blog de LEXIA de Animal Político.

Por: Yolanda Barrita (@Yolanda_Barrita)

Colectivamente, la memoria se construye por diversos elementos que trascienden el acto de recordar un hecho o evento. Para dotar de sentido a la memoria de un grupo, es necesario reconocer, afrontar, asumir, e integrar los hechos del pasado. La construcción de memorias permite dotar al pasado de un sentido en el presente desde el cual se pueda avanzar hacia un futuro deseado. Por ello, la memoria colectiva es esencial para la reconciliación y la construcción de paz en un país y en una sociedad cada vez más fragmentada.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública 2018 ENVIPE (INEGI, 2018):

  • Durante 2017 hubo 25.4 millones de víctimas de 18 años y más en el país, lo que equivale al 29.7% del total de la población.
  • El 35.6% de los hogares del país contó con al menos un integrante como víctima del delito.
  • En 93.2% de los delitos no hubo denuncia, o bien, la autoridad no inició una averiguación previa o carpeta de investigación.

Sin duda, son números preocupantes que dejan ver la crisis que atravesamos en temas de inseguridad, de impunidad y de confianza en las instituciones, que a su vez ha derivado en un malestar social cada vez más patente, en un colectivo iracundo capaz de linchar a individuos, pero con menos capacidad de asumir su corresponsabilidad ciudadana, de actuar y de exigir.PUBLICIDAD

Reconocer que vivimos una crisis de inseguridad y de violencia requiere ir más allá de emitir señalamientos y acusaciones a un gobierno y a los gobernantes; se debe admitir que los períodos de violencia no solo se definen por factores políticos, económicos y sociales, sino que tienen consecuencias en los individuos y las comunidades al diluir las bases de lo cotidiano y cambiar la manera de concebir su impacto en la manera de reconocernos y reconocer frente a nosotros la mirada del otro.

La manera de logar este reconocimiento es mediante un análisis profundo y honesto, una autocrítica de nuestro rol como ciudadanos, cuestionarnos qué hemos hecho para contribuir a la situación actual del país, pero, sobre todo, qué hemos dejado de hacer y qué nuevas acciones podemos emprender como parte de un proceso de recomposición del tejido social y una estrategia de construcción de la paz.

El Foro Europeo para la Seguridad Urbana (EFUS por sus siglas en inglés) alude a la cohesión social como un componente elemental para el desarrollo y la construcción de paz. El EFUS destaca que para que exista cohesión social es necesario garantizar la igualdad de oportunidades para cada miembro de la sociedad, por lo que la exclusión y la desigualdad ponen en riesgo la construcción de paz y el desarrollo de un país.

Por su parte, Mauricio Meschoulam, experto en temas de seguridad y construcción de paz, menciona que la paz no se reduce a la ausencia de violencia e inseguridad, si no a la presencia de ocho elementos estructurales que van desde los gobiernos que funcionan adecuadamente y las buenas relaciones entre vecinos hasta la distribución equitativa de los recursos.

Sin embargo, no solo no contamos con estos pilares, sino que hemos desarrollado una gran capacidad para naturalizar problemáticas que nos dañan y lastiman profundamente como sociedad, en parte por auto protección en parte por indiferencia. El acostumbrarnos a la violencia y perder el asombro ante tráileres que transportan cadáveres, hablar de desaparecidos y de fosas clandestinas, el convivir con la pobreza (de acuerdo al CONEVAL 53 millones de mexicanos viven en pobreza) y el ser indiferentes a la desigualdad (según datos de Oxfam, el 10% de la población concentra el 64.4% de la riqueza del país), impiden el reconocimiento del momento tan delicado que vivimos erosionando así la memoria y alejándonos cada vez más de la cohesión social.

En este sentido, distintos países han trabajado fuertemente la construcción de las memorias, incluida la memoria histórica. Un ejemplo son Colombia y Argentina que desde hace un par de décadas se han detenido a revisar los conflictos y situaciones de violencia y los han reconocido como parte de su historia. El tan escuchado “Nunca Más” alude a tomar consciencia de lo que NO se desea, a hacer una revisión integral y a trabajar lo necesario para que aquello que dañó no vuelva a suceder. Para lograrlo, es imprescindible que instituciones, gobiernos, actores políticos, sector privado, organizaciones civiles, académicos y ciudadanos reconozcan el conflicto y estén dispuestos resarcirlo cada uno desde su propio espacio.

Surge así la necesidad de preguntarnos ¿qué hemos hecho como ciudadanos?, ¿qué hemos dejado de hacer?, ¿hemos contribuido con el olvido?, ¿con la indiferencia?, ¿con la apatía?, ¿hasta qué punto asumimos nuestras obligaciones y responsabilidades ciudadanas más allá del no tirar basura en la calle?, ¿conocemos y asumimos nuestros derechos políticos más allá del voto?

Por ello la urgencia de aclarar Ayotzinapa, de saber qué pasó con los 43 estudiantes y con los más de 37 mil desaparecidos en el país, de seguir recordando el 2 de octubre, de recordar la solidaridad del 19 de septiembre del 1985 y de 2017, la elección del 1988, de reconocer que la elección del 1º de julio fue un claro “No más” de una sociedad harta y molesta.

Porque solo en la medida en que tengamos memoria histórica podremos aspirar a tener un futuro más justo y más sólido como sociedad, de lo contrario como dice el refrán, estaremos condenados a repetir nuestra historia.